Aldo busca un horizonte


-Tengo la que me cuelga que parece un bonzai, se reconoce en el espejo, chanchina rosadita, de orificios oscuros con pelambre amarronada. -Cuanto hace que no la meto, a ver...y enumera hasta perderse en los polvos malhabidos; abonados entre las mesitas de luz con vidrio encima, el vaso de alcohol dulzón en la petaca, el tabaco apretado en los pulmones, los cortinados que simulan discreción pero ocultan vidrios agujereados y refaccionados malamente con diarios, el olor a perfumes no tan desagradables pero que el resume como aromas de la pobreza disimulada mientras ella invariablemente gira su cara, siempre la misma, por más que las modelos de su sombra de pesadilla sean siempre diferentes: Achinadas, mofletudas, solas damas pérfidas maduras de corazón helado y pasados luctuosos, muertas a la deriva en el océano donde el mismísimo Aldo navega en una balsita de alcahofa y pasto obligado condescendiente a espiar en la soledad ajena. Ellas controlando el relojito o repasando mensajes de su celular o a lavarse si se puede pero rápido e irse por el pasillito y hasta siempre mi amor, mi gordi querido, chau chau, volvé pronto.

Se mira -Arco superciliar izquierdo, se dice, hinchado por la piña que le pegara el cana antes que el otro, el grandote policía de apellido Mendiolaza aparecido quien sabe de donde, se apiadara o comprendiera todo ese merengue y lo sacara, destrabándolo del infortunio. Las muñecas con unas marcas de acero que lo indignan y que solo vió en las películas de torturados. Ahora está de pie, con sus patas de búfalo, desnudo frente al espejo, recién bañado, a punto de salir para la terminal y subirse al de las 16.30 con destino a Runcal, donde según el aviso piden personal de vigilancia para empresa ribereña de producción de pescado. Huir de la yeta, rajar, ofenderse pero sacarle el cuerpo al dolor intenso de no poder dar un paso sin salpicarse. Nada más: Un adiós indiferente de los dos. Inteligente era ella, tanto como para darse cuenta que él debía huir del encierro de los dos, se corrige mientras se pone las medias y el calzoncillos y se contempla frente al espejo largo del ropero y se dispara con el dedo hacia el medio del pecho; un tiro certero que lo desnuca y la sangre salta y su nombre que aparece mal escrito en el periódico local, con errores de tipeo y todo el trámite hasta que reconozcan el cadáver y el epílogo funerario.

-Lo haría para darle un disgusto a Mary, y siente temor al evocarla porque ha entendido que el solo pronunciamiento de su nombre le agrisa los rasgos y le da una puntada en el corazón pese a que ya ha sido destrozado de un balazo propio -¿Cómo se verá la cara de ella ante mi, fiambre en la morgue, sabiendo que no tengo nada y debe cargar con el muerto?. ¿Lloraría?. ¿Podría comer después, tendría acidez, pena, depresión, lástima, arrepentimiento? ¿Pensaría en los gastos?. Se persigna como antes de entrar a una cancha y sale de la habitación a la que nunca más retornará. Hotel San Carlos, mufa, baba del diablo, trampera de buche.

Afuera el sol le hace caricias en su narizota colorada y estornuda de placer. Detiene con el brazo un remis blanco, del año de Onganía -A la Estación, le dice al chofer. -¿Cuál? ¿Tren o micros?. Tiene un instante aéreo, de liviandad. Tomo un tren, quien sabe para donde y me bajo quien sabe donde o voy en busca del destino escrito en el diario en el guión que estoy tecleando desde lejos, mientras que desde arriba sobre él, Aldo, Aldito solitario se ve morirse de miedo ante la aventura o ante la posibilidad de no conseguir empleo que le permita comer. -De colectivo, gracias. Y parte, se parte ya mil veces partido en varios pedacitos que saltan y rebotan en el piso de madera lustrada de la terminal con olor a lustre a la vez que llega el colectivo verde y gris plateado que lo lleva hacia un confín donde nunca estuvo y que promete calor, ciénaga y olvido. Eso por sobre todo, olvidar, ser nadie, ser otro, ser padre de dos nenas como de figuirín, lejanas, recortadas en cartón y de una esposa a la que trata de difuminar pero no lo logra porque sabe que sin ser gladiador ni héroe está haciendo lo correcto: Partir, romperse en fragmentos para evitar que todos, que cuatro almas lo hagan en lugar de la de él solamente. Aldo, Aldito, fantasma y angelito de las terminales que de aquí en más habrán de ser tu sino como si fueses ya una hinchada golondrina enferma de pelaje impermeable y habrás entendido que no te deben doler ni la ausencia, ni el horizonte terroso ni el pago que perdiste como también lo perdiera Martin Fierro, allá lejos, en las hojas de un librito que caprichosamente recordás ahora de pronto, con el pie en el primer escalón del colectivo que te lleva quien sabe donde.

Mediolaza salva a Aldo


Algo en su olfato de perro de la policía le dijo que debía seguir al patrullero hasta la taquería. Sabía que habría de desarrollarse algún hecho que él palpitaba molesto, por eso los mantuvo cerca y cuando se detuvieron y bajaron al gordito con las manos en la espalda sencillamente dió un portazo al auto y subió la escalinata. Lo saludó el cabo de entrada quien le preguntó a quien buscaba. El respondió con un apellido japonés y el tipo se rió, moviendo la cabeza "Estos son así. Se les dice cualquier cosa y por tener uno mayor autoridad apoyan aunque no hayan entendido ni jota el chiste posible". Caminó por el pasillito y se sirvió agua helada con una mano: en la otra llevaba la tacita de plástico que le ofreció al reo que estaba en el banco cabeza gacha, todavía con las manos esposadas. -Ey, gritó con voz de trueno que hizo dar un respingo a Aldo. -Vení, vení le dijo al cabito rubión. -Decime, ¿Así se trata a un sospechoso? Mirá: tiene las muñecas hechas mierda, ¿O no ven que le pusieron un talle menor?. Yo, yo...Yo, las pelotas, comprate un yo-yo para el caso. Una mano le detuvo el gesto que señalaba al policía joven- Eh,defensor de solitarios. Era El Colo, el del teléfono, su compañero de apenas 48 horas atrás, cuando dejara la dependencia. Lo llevó a su oficina. -Ja, ¿Ahora defendés pobres y ausentes che?. -Mendiolaza suspiró; nunca se había sentido así, libre, pero con un cuerpo ajeno. En otro momento le hubiesen empezado a doler las sienes y hubiese desentreñado el kilombo en un ratito de análisis pero ahora estaba fuera de la institución y su amigo, el Colo era quien ocupaba su escritorio.

Sacó un cigarrillo y sin preguntar lo encendió. El Colo, por cortesía solo abrió la ventana. -Mirá vos, ya te instalaste en mi lugar rápidamente. -¿A ver? Fotos de esposa, hijos y perro. Yo no tuve ni de Perón, pero son estilos. -Sí, se rió el Colo. Mi estilo es la familia y el amor. -El mío es haberlos perdido. Y ambos carcajearon por las frases que ya parecían de una telenovela. -Dale, servite de este café verdadero que ese parece tinta. ¿Qué te pasa que venís detrás del gordito del pasillo? -No sé, pálpito profesional, a lo mejor mi primer caso como particular. ¿Qué hizo además de robarse una torta?. -¿Torta, que torta?. No sabemos; ayer amasijaron un agente durante el robo a la joyería Lux y el gordito este, Aldo Zampapiglietta como se llama, estaba siendo interrogado por el mismo tipo que lo detuvo presuntamente porque manoseó a una mina, que justo, justo era la socia del choro, ¿me seguís? -Clarito. ¿Y qué hizo además el gordo? -Nada, se dejó detener y anduvo a los gritos proclamando su inocencia, luego boletean delante suyo al agente que lo tenía haciendo declaraciones por abuso deshonesto en la vía pública, todo muy confuso. Encima huye.

Miró el techo que bien concocía y lanzó una bocanada. Luego el gesto de Belgrano en un cuadrito y el ciprés del patio del que sólo se podía ver parte de su follaje -Es un pichi. Debe haberse hospedado en el hotel más piojoso y vuelto a él. Un miembro de una banda no hace eso. Además no anda por los bares cagado de hambre metiéndose una tarta en el bolsillo del saco, sin arte. Yo lo ví. Es un papelonero con mala suerte. -¿Vos lo viste? Ah.. ¿Por eso estás acá? ¿Eso pasó?. Llaman a la puerta, entra el agentito colorado que al ver a Mendiolaza se pone más colorado -¿Usted es homosexual, señor? Cada vez que me ve se ruboriza, espero que sea de odio. -!No señor! y se cuadra. El Colo suspira. -Vaya Martinetti, el comisario no pertenece ya a la Fuerza y tiene un consagrado sentido del humor, retírese. -Con tipos que se ponen nervioso de nada es seguro que los sospechosos mueren en el traslado por algún tiro que se le les escapa. -Dejá de cuestionar todo, que así te fue, alarga el Colo mientras lee el papelito insignificante que le alcanzó el agentito.

-El tipo es de General Villegas. Sin trabajo fijo por ahora. Laburó de mil cosas y jamás tuvo una entrada. Tiene esposa y dos hijos. Ahora le pregunto que hace en la zona y lo largo pero lo voy a tener vigilado. -Dejalo que es tan boludo que se vigila solo. Mira la habitación a la que jura no volver a entrar nunca jamás y agrega: -No hace falta preguntarle nada. Debe ser separado y está huyendo de la Justicia matrimonial no de algún delito. Y está en la zona buscando trabajo. El Colo se cruza de brazos, mira a los ojos tratando de estarse serio -¿Y cómo sabés tanto de un pobre infeliz?. -Olfato de perro viejo y mal culeado: ¿Sabés por qué el agentito ese que achuraron lo tenía en un callejón en vez de llevarlo directamente a la comisaría si lo estaba acusado públicamente de acoso?. El Colo no quiso arriesgar.-¿Porque se habían enamorado?.-Me extraña: se dió cuenta que no tenía un pedo que ver y lo intentaba coimear. En eso se produjo el choreo y el agente corrupto por cincuenta mangos recibió lo que merecía; el cuetazo de un 38 corto.

El Colo enmudeció y buscó un camino alternativo. -Ajá, y además del acertijo genial, ¿cómo carajo sabés que lo bajaron con un 38 corto? -No se va a reventar una joyería ni con un 22 que queda chico si hay kilombo ni tampoco con una bazooka que queda grande. El 38 va justo, amigo. Se largó a reir sinceramente y aplaudió de gozo. -¿Por qué abandonaste esto gil? Si seguís siendo el mejor, te lo juro por ellos, dijo señalando la foto enmarcada de plástico. ?Soy el mejor pero tengo los riñones de plomo de tanto correr en vano. El Colo se tomó unos instantes e inquirió como quien hace la pregunta final con que desbaratar al participante. -¿Y cómo adivinaste que el tipo efectivamente estaba buscando trabajo por la zona? -Ah, por adivinación de vidente...Coincidimos esta mañana en el bar y noté que dejó de lado el diario completo para empezar a marcar en birome la página de avisos, ¿elemental, no?. El integrante de una banda criminal no anda buscando trabajo ni robándose comida torpemente, según creo. Buenos días, amiguito detective.

Al Colo, en cuanto se quedó solo, le entró un torbellino de bronca. Tomó el interruptor. -Soy yo, dejen ir al gordo boludo, ese tal Aldo Zampapiglietta. Decile que lo salvó uno que pasó y declaró su inocencia. ¿Apellido? Qué se yo, poné cualquiera. Mirando el Cristo de bronce agregó: -Escribí que el tipo se llamaba Cruz y fue el mejor sargento de la policía.