Tenía turno nocturno y escondía una guitarra en mi casillero. Allí era considerado por mis patrones como un boludo, porque sabían que "andaba en la música" y porque además, tenía el desparpajo de usar lentes oscuros mientras cobraba en la caja.
Volví temprano y el tema me salío como un chorro, en el living de mis viejos.
Tenía la casa en venta y mientras era mostrada a una pareja, yo, con una pierna frenaba el ingreso de los posibles compradores, hasta tanto poder terminar el tema. El Mundial 78 estaba cerca.
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